jueves, 2 de febrero de 2012

El ábside de San Apolinar in Classe


La basílica de San Apolinar in Classe obedece al prototipo arquitectónico de la primera etapa del arte bizantino. Custodiaba el cuerpo de San Apolinar, el patrón de Rávena, hasta que el saqueo de los sarracenos provocó su traslado a San Martín del Cielo de Oro (que a partir de entonces se denominaría San Apolinar Nuevo). Su arquitectura es el exponente de una etapa de formación del arte bizantino que lo emparenta con las construcciones paleocristianas. Tiene tres naves, la central más ancha y alta rematada en un ábside poligonal enmarcado en un gran arco triunfal, con dos capillas absidiales y un nártex. Pero nos vamos a centrar en la musivaria de su ábside, en el que destaca su carácter dogmático y simbólico.

En el centro aparece el titular en actitud orante, imagen en la que se puede percibir la presencia de evidentes reminiscencias de la iconografía paleocristiana. El santo, que según la tradición fue ordenado por el mismo San Pedro como Obispo de Rávena, está en medio de un jardín lleno de árboles frutales, imagen del Paraíso, de cuyos frutos picotean las aves, que simbolizan la eucaristía (Ap 22, 1-5). Lo rodean doce ovejas que algunos interpretan como los doce apóstoles, pero que podrían ser asimismo los primeros cristianos de Rávena, o quizá se trate de una inspiración en un texto de Pedro Crisólogo que comparaba a San Apolinar con un pastor de ovejas. Sobre el titular se observa una imagen que mezcla lo narrativo y lo simbólico, referido a la Transfiguración de Cristo.

De lo alto, en el centro, surge la mano divina del Padre entre las nubes, señalando un medallón repleto de estrellas del que emana una cruz llena de piedras preciosas. En la intersección de los brazos muestra un retrato de Jesús barbado, además de los signos del alfa y la omega. Encima de la cruz se lee en griego “pez” y, en acróstico, de cada letra emana una palabra formando la frase “Jesús Cristo, hijo de Dios Salvador”. A los pies de la cruz se lee “Salus Mundi” en alusión al Salvador. Flanquean el medallón Moises y Elías. Entre el bosque, tres ovejas miran a la Cruz tal vez simbolizando a los testigos de la Transfiguración.

Entre las ventanas del ábside se ubican en nichos los cuatro primeros obispos de Classe, retratados con coronas votivas. Los flanquean el sacrificio de Isaac y el de Melquisedec. En el arco toral, de abajo hacia arriba, encontramos a los santos Pedro y Pablo, Gabriel y Miguel. Sobre ellos, palmeras cargadas de frutos como nueva alusión eucarística. En el registro siguiente, doce ovejas salen de unas puertas amuralladas (¿Jerusalen, Belén?) que parecen ascender hacia la visión apocalíptica de San Juan (Ap 4, 2-11). Este último registro está envuelto en nubes y muestra a Cristo portando el libro de los siete sellos, rodeado del Tetramorfos. Sin duda, la expresividad del programa iconográfico es impresionante.

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